viernes, 18 de enero de 2008

II. La Tienda de Comics [Sexta Parte]

Una vez más, Lisandro fue paciente a la hora de elegir el momento para su siguiente visita a la tienda. El plan exigía precisión escogiendo las fechas, el efecto buscado se podía perder si sus apariciones eran muy habituales o muy escasas. Esperó hasta el lunes de la siguiente semana. Durante ese tiempo consiguió evadir el tema ocupando su cabeza con otras obsesiones. Cada una de ellas compone un capítulo completo del bizarro mundo de Lisandro, que tal vez algún día llegue a contar.

Esta vez fue más sencillo que la anterior, y a la vez tremendamente más complicado. Sabía qué era lo que había que hacer, eso evitaba caer en la desidia de recorrer estantería tras estantería sin rumbo fijo. Sin embargo tenía muchos más motivos para exigirse una actuación impecable.

Entró saludando con una radiante sonrisa. Estaba tan nervioso que es difícil decir si le sonrió a ella, a la caja registradora, al otro dependiente o a un cliente que salía en ese mismo instante. Avanzó hasta las estanterías y fingió durante un rato que no encontraba lo que buscaba. Por fin cogió un cómic. Por supuesto, sabía con mucha antelación cuál era el que iba a coger, el plan cubría las compras de las próximas cinco o seis visitas y confiaba en poder ir aumentando el colchón de ideas en breve.

Al acercarse al mostrador, todo lo que existía en su interior se retorcía, diciéndole que algo saldría mal. Sus pasos eran inseguros y su mirada vacilaba, yendo de un lado a otro. Dejar el cómic en la superficie de cristal que le separaba de ella y escuchar su voz una vez más, fue como salir lentamente de un profundo sueño para sumergirse de lleno en el duermevela matinal.

- ¿Así que también lees esto?, ¿tampoco te resulta infantil?
- Empiezo a pensar que consideras esa pregunta válida para todo lo que vendéis –mantener la cabeza fría tras descubrir que ella recordaba su conversación no estaba siendo tarea fácil-. ¿Tú también lo lees?
- Nop, éste no... Tuve suficiente con el anime...
- Lo dices como si no te hubiera gustado...
- ¡Nah!, no es eso. Quiero decir que lo encontré conclusivo, he oído que el manga alarga la historia –mientras hablaba, cogía el billete que Lisandro le tendía-, yo no quiero eso, para mí lo que hay, es lo que es, y lo que es, es lo que hay.
- Ya… Pero en el fondo es al revés, ¿no? –discutir no era una buena idea, no era parte del plan, pero, ¿cómo evitarlo?-, el manga no alarga la historia, sino que el anime la redujo…
- No desde mi punto de vista, para bien o para mal, la historia ya existe como una parte de mí, si me la vuelven a contar y no es la misma, la están cambiando. Me da igual cuál surgiera antes. No sé si me entiendes.

Con cara de tonto, Lisandro recogía las vueltas e intentaba recomponerse. No estaba acostumbrado a tener conversaciones que consideraba interesantes con desconocidas que le fascinaban.

- Yo tampoco lo sé. Para entender a alguien hay que conocerlo.

Mientras decía estas palabras, media sonrisa atravesaba su cara. La otra media estaba en frente, en los labios de ella. Pero antes de que diera tiempo a ninguna reacción, Lisandro murmuró algo parecido a “bueno, muchas gracias, hasta otra”, dio media vuelta y se marchó. Una vez en casa, abrió el número de Full Metal Alchemist que acaba de comprar, sin intención de leerlo, solamente para escribir algo en su contraportada.

“Lo que es, es lo que hay”, y si lo que hay en esta historia no es parte de ti, su interés se ve mermado. La leeré igualmente. Recordaré cómo se contó en el anime lo que ocurre aquí y pensaré que eso es parte de ti y también de mí. Como en un reflejo de algo que no existe, parte de los dos.

[Continuará...]

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