Lisandro vive en Madrid, aunque le gusta pensar que es ciudadano del mundo. La parte de “ciudadano” la tiene realmente clara, Lisandro nunca se ha sentido atraído por la vida rural. Siendo fieles a la verdad, tampoco se puede decir que la haya probado… Si bien ha viajado bastante, casi siempre ha sido de urbe en urbe, como en un gran e irregular juego de la oca. Ha visto paisajes campestres desde las ventanas de trenes, autobuses, coches y aviones, en alguna ocasión se ha parado a respirarlos y a sentirlos y, en alguna ocasión menos, eso le ha gustado. Pero normalmente le produce la descorazonadora sensación de que el orden natural de las cosas no contempla la existencia de su desorden artificial. El caos de cualquier ciudad sin nombre encaja mejor con el caos de su alma. Sin embargo, últimamente no está muy contento con Madrid, pero eso es otra historia.
Lisandro está en Madrid en este momento, lo sé porque acabo de compartir una cerveza con él en los alrededores de la plaza Prosperidad. Me dijo que tenía algo fascinante que contarme y su historia concluyó con una idea en mi cabeza: escribir sus historias. A Lisandro le pasan cosas, cosas comunes que se vuelven irreales cuando suceden en su entorno. Muchas veces he pensado que todo se debe a la forma que él tiene de entender la vida, pero él está seguro de que la realidad es que vivimos en un mundo bizarro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario